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Abasalena


Todo ser agónico el tiempo,
toda fíbula pesquisa y arqueología,
no la persistiendo y lumbre, no,
no la polen y no detritus.

Auroral y racimo, enhiesto,
briosa cascada líticos zumos,
vertical y durando, rotundamente,
átimo y siglo, ruido petrificado.

Arduas distancias crece la hierba,
vertiginosos pasos la huella inmóvil:
perecerás húmeros, carpios,
transcurrirás cráneos exhaustos,
reposarás piedras horizontales.

Pero por los bosques, demente porfía,
aullando lobos, gruñendo fieras,
reptando serpientes, olisqueando alimañas,
agonal el ser, nieve y follaje,
áptero aún en el tiempo crisálida y luto.

Si sucumbir, si polvo y brizna,
si aciago sino la grey prescita,
¡abasalena las aguas!,
¡abasalena raíces!, ¡abasalena, abasalena!

¿Desde dónde tiempo y carruajes,
vestes la desnudez transcursa,
código gutural, antepasados?
¿Desde dónde arquitectura, cruz y plegaria?
¡Abasalena, abasalena!

Crepuscular y recién, lejos y estando,
agónico el ser agua y corteza,
entre el follaje cuando desnudo,
de recia perseverancia, enjuto.
Abasalena

 


Coordenadas


Años profuso crecía
aire y silencio,
cuando espacio circuído
donde retratos
más y más en el tiempo,
u hojas cuyo lentamente
lo persistiendo aferradas y ruina.

De lo náufrago, ¿quién,
cuántos podrían?
¿Quién entonces voz,
cuántros en bruma a la orilla?

Y de lo sueño y rumores,
de lo de dónde y nocturno,
¿quién manos o papel,
quién labios su intento?

Húmedo y disoluciones,
iracundo y alas abruptas,
nadie densidad irrupta,
nadie adustas islas cantando,
desmedido en lejos lo insistente.

¿Es que planetas en la raíz
su instancia,
es que aciagas coordenadas?
¿Es que aves luctuosas entonces
sino, sueño y contingencia?

Años silencio y transcurso,
años grito y desvarío,
¿quién en lo genital graznidos?
¿Quién tinieblas en la semilla?
Abasalena.

 

 


Fémina y sino


Su nombre pétalos rotos
que ni la voz ni la tinta,
del tiempo, como mis días,
y también sus pasos,
como si luz ofuscada
o sobresaltados sueños.

Ella el amor sus racimos
lo torrencial desgranado,
caótica incandescencia
como si cruel orfandad o islas,
unísono el grito al noches dormidas,
vástago de cómo lo solo y lo llanto.

Calles pálido cortejo,
desgarradora asunción muertos metales,
y cada a lo largo y ceniza,
y a las horas de una y viniendo.

De allí ella abasalena:
sobresaltados sueños
toda dimensión paralela asomados,
y sin vestigio crónico de uso
o malheridas ropas que testimonios,
sino que direcciones piélagos,
ubicua y ácrona y dormida.

Ella pues fémina y sino,
fruto tal vez eslabón amargo
en la implacable noche ejercida,
o exabrupto súbito deseo ciego
cuyo luego errante insubsistencia.

A mí entonces abasalena
cuando calles estepa y ceniza,
y prorrupciones lo nuestro de siglos,
y descenso al nada y elixir
donde adormideras nirvana y beleño.


Después su nombre exhaustos fonemas,
y su voz como cayendo al sueño,
y su cuerpo lentas defunciones,
hasta que pálido eco roído,
hasta que fugitivas sombras.

Ahora otra vez de allí aromas
y vorágine y sed y trama.
Fémina efímeras huellas,
subrepticia impronta empero,
de modo que lira en trance,
ensimismado aeda hurgando.
Pero su nombre navíos en la niebla.

 


Rueda del tiempo


Es como si rumor y rastro aún,
como si tiempo en sí mismo sus aspas,
y las cosas su latido y su aplomo,
seguras de sí allí detenidas,
y el ser vano acopio de testimonios,
bruma su convicción atribulada.

Porque veste, color y timbre,
porque rasgo y ademán y aroma,
y aún trasfondo fantasmales calles,
de modo que inconfundibles sonidos,
rostros que otra vez como si nunca,
clavada en el tiempo su fresca instancia.

Perfil de los sueños o adormideras,
ámbito cenagal donde hundimientos,
el ser apenas sombra de la voluntad,
efímero deseo ruina y fatiga,
infiel centinela en las encrucijadas.

He aquí ayer y total convocados,
he aquí acto e imagen y urdimbre,
demente escenario donde nuevamente.

Filiales facciones llanto y vergüenza,
pasos desnudos cruel extravío,
horro regazo direcciones rotas,
noches su red donde asustados ojos,
donde sueños su persecusión para siempre.

¿Alguien en las habitaciones sus gritos,
alguien por las calles mientras la lluvia,
amargas lágrimas abasalena?

¿Alguien su voz quejumbre prorrumpida,
su dolorosa calles donde errantes pasos,
húmeda y gutural infructuosa pesquisa?

Desde direcciones niebla y señuelo,

desde fría aurora ateridos huesos,
insomne convocatoria fechas y rostros,
muda procesión resistencias rotas,
pálida convicción del ser resquicios.

En el tiempo, entonces, clavadas,
su latido ahora como si nuevamente,
como si jamás instancia transcursa,
en el caliginoso entramado de la noche.

 

 

 

Anmónimo inquilino


Ahora, anónimo inquilino,
clandestino habitante sin rostro,
ahora por fin tu secreto,
de una vez tu identidad fantasma.

Leve tu sigiloso paso
cruzando mi interior sellado,
a hurtadillas como un fugitivo,
rozando apenas mis nocturnas cuerdas.

De ti la voz, de ti el hálito,
de ti esta música que mis dedos,
que hasta mi oído vibrando,
que con mis labios sonámbulo y ajeno.

De noche mi sueño alerta,
mi vigilancia tensa en los cruces,
como felino mi ser al acecho,
y tus pies aéreos ni un sonido…

¿Cómo a tu recinto inaccesible,
cómo a tus secretas galerías,
al laberinto de sutiles hilos
desde donde esta voz clandestina?

Anónimo habitante en trance,
sumergido instrumento sonando,
¿cuándo por fin tu identidad de niebla?
¿Cuándo las llaves de tus apotegmas?

 

 

Germinaciones


Germinaciones rudas prosapias
los bosques,
verde y racial y desnudo
al agua minerales raudos
vínculos ciegos testimoniales.

¿Cómo génesis cieno e intemperie?
Abasalena.
¿Cómo alarido abisal protozoo?
Abasalena.

¿Epifanía lentas urdimbres?
¿Epifanía follajes?
Abasalena, abasalena.

Sototerráneo tránsito y fiebre:
larva el afán o huevo acerbo,
entidad insomne inaugurada,
brebajes vegetales ávidos rumbos.
Ala, pata o aleta,
pecíolo lácteo número precipitado.

Y luego súbitas velocidades, sílex erigido hueso asediado,
lóbrega oquedad domicilio errante,
áspera raíz los crecimientos.

Ciénagas saurios grito agonal,
pie sigiloso lo amenazado,
frenético y heroico desarrollando.
Progenie silvestre penosa harina,
diuturno horario persecusiones.

Hasta que el fuego código roto,
hasta que luz urdimbres dirimidas.
Y entonces metales cruel señorío,
prole atrevida fruición ahíta,
mientras germinaciones los bosques,
y sotomarino continuidades.

 

 


Lobo


Desde los bosques el lobo,
su agudo metálico ulular,
su libre reclamo que el aire y la nieve,
que las silenciosas criaturas,
el arroyo y la rama, el follaje.

Por los entreveros donde miles de huellas,
donde olfato, persecusión o acecho,
elástico su paso hijo silvestre,
grave su porte prícipe adusto,
ceñudo señor de la hostil intemperie.

Egregio monarca, cuando tu porte,
cuando tu apostura gris deslizada
entre la trama verde grácil sigilo,
augusto paso trémula pleitesía,
el mundo nuevamente al cosmos,
a la aurora inmaculada el bosque.

Sobre la nieve pura tus trazas
como salvaje testimonio y reto,
irreductible porfía de seres
cuyo recinto acoso y asalto,
cuya existencia prófugas patas.

A tu guarida que el frío y la piedra,
a tu tenebroso hogar clandestino
para que tu prole sangre y creciendo,
para que tu familia señorial proscrita
su atávico secreto de horarios ráfaga,
su majestuosa desnudez relevos.

El hombre pálido ser convulsiones,
sombra del ser primigenio dormido,
azaroso harapo del flamante atavío.

Pero por los bosques el lobo
su delgado aullido contra las estrellas,
su feroz reclamo que el aire y la nieve,
solitario y señorial, clima y silencio.