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Cítara (1999)


3. Cítara

Sed de ríos inmensos
la cítara estremecida
de metalurgia y alfarería,
de artesanos dedos rozando
apenas las cuerdas cautivas
en un éxtasis cosmogónico,
en un nacimiento de mundos.

Sed de planetas, de estrellas
quemando su incandescencia
de inextinto combustible
en la noche planetaria,
de rubias constelaciones
ardiendo en la inmensidad,
guiñándome su numen.

De un tamaño abrupto el estro
del rapsoda eterno clavado
en la órbita del viento,
del oracular viajero
itinerante en las cuerdas
de su insólito instrumento.

A hurtadillas por el sueño
con un séquito de vírgenes
tañendo los planetas,
ávido juglar cruzando
coordenadas y equinoccios,
sonando el misterio azul
de su interior dormido.

Ningún destino terrestre,
y una sed de océanos,
una sed de inmensos ríos
su cítara enternecida,
una sed de eternos vientos
las avidez de sonidos
de su insólito instrumento.


4. Atónito

Intensamente atónita
la atmósfera en torno al papel,
rodeando de mudo fermento
los dedos del clarividente
animal procreatriz.

Casi sacerdotal la tarde
de párpados entornados,
y casi monacal el huésped
en su opaco interior,
concentrado de abejas
y agrícolas hormigas
en su secreta labor.

Un lento escarabajo
su porfiado cosquilleo
entre las grises dendritas,
un ágrafo insecto
con sus videntes antenas
incendiando el alfabeto.

Para qué la intensidad
del espeso silencio
tejido a tu alrededor,
vate en la tarde callado,
para qué el leve paso
de hormigas laboriosas
por tus inmóviles dedos.

El desnudo papel ante ti
ávido de la grafía
de delirantes abejas,
y tú en tu opaca celda
de monacal soledad,
atento a tus propios sonidos.

Atónito en tu interior,
atónito en torno a ti,
intensamente atónito
en el espeso silencio
manando de la tarde.


7. Creación

Temprano el día
su inmaculado color
de planetaria luz errante
pegada a los cristales.

La primavera triunfal
en el desplegado iris
otra vez rejuvenecida,
otra vez doncella en flor
en el polen irradiada
y en el polen reunida.

Estridencia solar
la calidez planetaria
con su espectro en llamas
congregado en la tierra.

Lleno el día, pues,
ahíto de su luz,
y luz el idioma astral
mencionando las cosas.

Desplegada luminosidad,
no sería tu euritmia
ni tu magnificencia,
no sería el prodigio
de tu ropaje en llamas
ni tu crepitante pedrería,

si no en su soledad
la poesía,
si no el vate en su celda
tejiendo y destejiendo,
armando y desarmando
la trama del idioma,
inmolándose en sus llamas.

No existiría tu luz,
día de iridiscencias,
si no el poeta a solas
imaginando el mundo,
creando lo aún increado,
dándole nombre a las cosas.


11. Acaso la poesía

Acaso la poesía
aquellas habitaciones
donde el dolido infante
su exilio de cada día.

Aquellos cuartos lóbregos
donde un hálito indeleble
de exorcismos y sahumerios,
de agonías y decesos,
de ilícitos amores
estrellando los cuerpos,
furtivos en el fuego…

Acaso la poesía
el llanto en el desván
bajo el latir de la lluvia,
rodeado de soledad
en el silencio impuro
de huéspedes detenidos
en prendas y mobiliario,
en utensilios lánguidos,
en pálidos daguerrotipos.

O las noches de emisarios
cabalgando por distancias
de nunca acabar, de nunca
desnudar su identidad
y transmitir su relevo.

Acaso la poesía
el primer amor carnal
rompiendo los cerrojos,
violentando los sellos
de una pulcra intimidad,
de una secreta trascámara
llena de una música azul,
inaccesible a los besos.

Acaso la poesía
la tenaz persecusión
de todos tus fantasmas,
de tus huéspedes furtivos
presos en tu intimidad,
gritando en su cautiverio.


15. Fruto

De ninguna rama el fruto
maduro, en plena sazón,
de ningún horario su hora,
y de ningún calendario
su fecha de extinción.

Disgregado y cóngrego,
sólito-insólito, afín
y desafinado en sí
dentro de su informe forma,
único en su repetición.

De ningún árbol arbóreo,
de ninguna raíz radical,
solo con su pecíolo
colgando del infinito
y dejando ya de colgar.

Y maduro, en plena sazón,
en plena leche inhóspita,
en pleno zumo célibe,
en plena plenitud frugal.


19. Danza

Una sonaja de hogueras
colgada a la cintura
en la noche intensa,
un cinturón de fuego
en torno al movimiento
de las locas caderas,
una franja de llamas
trenzadas en la danza
bajo la luna llena.

Briosa la celeridad
de lúdicas contorsiones
en arrebato tribal,
en éxtasis de ebriedad
crepitante de fulgores
en la ardiente obscuridad.

Lúdica danza del fuego
llamareando en las caderas,
con un cinturón de hogueras
ondulado en movimientos
bajo la luna llena.


29. Nudos

Inmóviles los nudos
en su prisión vegetal,
fijos en su espiral
de locas velocidades
girando hacia el centro,
desatándose en olas
y volviéndose a atar.

En ellos la acumulación
del girar de la tierra,
las hélices del humus
descargando su plétora
de mineral ardor.

O las pupilas del agua
fijas en su somnolencia
de fatiga vegetal,
clavadas para siempre
en su tránsito inmóvil,
dormidas en su eterno velar.


39. Relámpago


Una sola, relámpago,
de tus hogueras constitutivas,
una sola dendrita
de tu eléctrico enraizamiento,
un solo beso escarlata
de tus labios resquebrajados,
de tu febril trizadura
atmosférica ionizada,
de tu filigrana azul
ramaficándose en el celaje.

Un solo escalofrío
de tu centella aguerrida,
un solo chasquido
de tu látigo de pedernal,
un rasguño eléctrico
de tu cólera tremebunda,
un solo cataclismo,
un desplome de olímpica velocidad.

Y eternizarme en tu estallido,
y perpetuar mi sistema
en tu diasporal unicidad,
y miles de siglos en un segundo,
la eternidad en tu fugacidad.