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Nocturnal (2000)


3. Holocausto

Si la poesía, sumergida
en su nebulosa
interioridad,
si su canto la ebriedad
de un aeda a solas
con su portentosa
lira pentagramal,

si la poesía,
camaradas
de la desheredad,
nada más que la ansiedad
de voces pasmadas
en su melodía,
y la exterioridad
una minúscula llama
de luz consumida,

entonces de la agonía
el poeta su canción
arrancada,
entonces, camaradas
de nocturna voz
disleída,
la divina poesía
una gota de dolor
atragantada,

y en su propia llama
de insecto suicida,
el vate y su lira
inmolándose en aras
de la poesía.


4. Alta tarde

Hoy las seis de la obscuridad
del señor otoño,
hoy las tardecida y tantas
de su rodaje humedad,
y nadie sonoridad,
nadie entreabiertos ojos
o lentas guitarras.

Hoy las innúmeras y altas,
hoy las ya irreconocibles
del tráfico astral,
lentas, lentas sus pisadas,
y perdiéndose en la urdimbre
de la niebla abismal.

Las seis de la desbandada,
las tardías del corazón:
señor otoño, piedad
en las tantas que otredad, pasando por el reloj
de horas malhadadas.

Las póstumas, las desnudas,
las temblorosas de frío
en la intemperie astral:
hoy lentas, hoy inconclusas,
hoy suma de los destinos
en el sino monacal.

Hoy las dieciocho crecientes,
hoy las totales menguantes,
hoy telaraña humedad:

Señor otoño, piedad
a las tantas de la tarde,
a las nunca de la muerte…

A lo obscuro de lo viviente,
a lo trágico de la suerte,
a lo eterno de la humedad.


8. Desde el corazón del otoño

Reunir alguna vez los dispersos,
reunir lo fijo y lo transitorio,
lo que desde ti su vano llamado
como niños ahogándose hacia adentro,
ahogándose en llanto, en obscuros cuartos.

Reunirlos en el corazón del tiempo,
en el corazón del otoño, rodeado
de toda la dispersión imaginable,
de todo el senescente desamparo
agitando en el viento su agonía.

Reunir sus pasos perdidos, sus huellas
dispersas por todas, todas las rutas,
llamarlos en alta voz por sus nombres,
por sus señas, por sus claves dormidas,
en alta voz, en altos atardeceres.

Recoger sus polvorientas cenizas,
su polvorienta voz, su caligrafía
por la extensión de los años dispersa.

Llamarlos desde el corazón, desde el cruce
de las despedidas, en la dispersión,
en la senectud de las hojas, llorando.

Reunir por fin su ausencia dividida,
su inconclusa ausencia, sus pasos truncos,
lleno de fervor, en la encrucijada.

Y seguir llamándolos en el otoño,
en la dispersión, en el frío desamparo,
seguir pronunciándolos dispersamente,
ensordecedoramente, ceniciento,
polvoriento, desde los atardeceres,
desde el corazón húmedo del otoño.


14. Conversión

Tan pronto el hálito de los conversos
toque tu capa agnóstica, en la gruta,
y remezca tu asustada certidumbre,

ya no dormirá tu estoica fatiga
en su yacija peripatética
de acumulado escarnio y abstinencia,
no, ya no deambularás al azar.

Ya no la salvaje libertad erguida
en tu proa de cedro fenicio
por todos los mares de la vastedad,
por todos los lumínicos escollos,
por tu propia inconsistencia luminal.

Tus huesos sobre yacija espartana,
tu espíritu a la intemperie invernal:
carencia la rectitud, carencia la higiene,
carencia la salud mental, erguida
sobre las oceánicas tormentas,
en la proa de la ruda libertad.

Pero tan pronto el hálito de los conversos
toque tu túnica de hermano mendical…

Que tu descalza fe no desfallezca,
que no trepide tu dura persuación
de pastor errante entre los rebaños,
de agnóstico émulo de Ulises
por todos los mares de la dispersión.


17. Híbrido

Híbrido de anacoreta lunar
y sonambular doncella del sueño:
por tus dedos la inaprensible linfa
de tu más dolorosa paternidad,
de tus más anónimos retoños.

Por tus dedos la hebra délfica en fuga
hacia la rueca de secretos rumbos,
y ovillado en su misterio el vuelo
de tu más íntimo despliegue nupcial,
de tus bodas con Safo en lo subliminal.

Desde esa conjunción en lo absoluto,
desde ese himeneo en tálamo imperial,
la misma luz inédita del trueno,
la misma inmolación del ave fénix,
el mismo rumor de sóterras vertientes.

Y el mismo príncipe de los harapos
sentado en solio olímpico tañendo
su lira délfica de espeso sueño…

Sí, sí, el mismo híbrido vagabundo,
el mismo su propia música tampoco.


18. Geometría olímpica

De pura geometría olímpica
el trazo del insigne creador
inflamando de elán los alfabetos.

Un tumulto de inéditas voces
desde sus raíces ónticas
hasta el cálamo estremeciéndose
de un misterioso temblor suprahumano.

Fonemas que en la memoria tribal,
o en la gruta de cristal sonoro,
o acordes de la flauta eólica
repitiéndose en las edades sin fin,

de pronto nuevamente su floración
vocal, su incendiario despliegue
de olímpicas sonoridades,
sometiendo a tributo un pueblo
de estatuas lívidas temblando.

Pura geometría de esferas
surtas en el espacio pentagramal,
pura música de instrumentos fónicos,
elevando su floración
de pneumas píticos resurrectos,
fluyendo por el trazo del creador.

A que los alfabetos terrestres
en derrame su brioso crepitar,
y una divinidad desnuda cimbrando
su cuerpo olímpico en éxtasis orgial.


25. Reclusión

Ovillado en el azar,
ovillado en el regazo
de tu singular destino,
mudo en la plétora de gritos,
mudo en la efusión de idiomas
sobresaliendo, pujando
desde tu interior en brumas,
desde tu identidad fantasma,

¿hasta cuándo en camino,
hasta cuándo en tránsito tu voz
oculta tras las voces,
ahogada entre tanta voz?

Desde su sombría reclusión
el anciano impúber curvado
de su milenario dolor,
insistiendo en la esclavitud
de sus magníficos idiomas,
altisonante en su jaula
de cristal acústico sellado.

Cerrad su exilio de monje
con desnudez y cerrojos,
dejadle en la orilla opuesta
con su ajuar de náufrago,
atravesad de prisa
sus límpidas arenas.

Porque molusco su sino,
porque planetas distantes
su brillo apenas percibido,
y polifonía de mudos
sus inútiles idiomas.

Y ovillado en el azar,
en el azar su destino
de piedra parlante rodando
por entre mudas estatuas.


28. Espejismo luminal

En la esquizofrenia de los climas
perder la noción de tiempo y espacio,
perder el cómputo de las edades,
de estación, flora y paisaje,
y arrojar la vida a la intemperie
en el desnudo animal primigenio.

Por las praderas correr, por los ríos
atravesar a nado el invierno,
y en las cumbres nevadas, de un grito
desmoronar aludes de espuma,
decapitar las cimas coronarias.

Tuyas las onduladas serranías,
animal terrestre recuperado,
tuyos los plegamentos precámbricos,
tuyas las llanuras estampidas,
tuyos los valles recolectores.

En esta oquedad de piedra dormida
tus antepasados su guarida,
tus ancestros de facha simiesca
su primer hogar de espesa sombra,
sus sueños de ruedas rechinantes.

Ahora tú, con tu lumbre equívoca,
ahora tú, con tu espejismo luminal
de ser superior en la fronda terrestre,
de pequeño dios en el elenco astral.

Ahora tú, en tu hogar primigenio,
ahora tú, con la desnuda verdad:
tú con tu demente señorío,
tú con tu trastorno criminal.

En la esquizofrenia de los climas
sumergir la existencia incendiaria,
regresar a las hogueras tribales,
a la hermandad de la existencia astral.


29. Sedimentación

Espesa sedimentación de noches
acumulando su materia luctuosa
de milenios noctrurnos depositados
en mí, en mi existencia en tránsito
por edades, por alfabetos, por rostros,
por sistemas planetarios emergiendo
y hundiéndose en abismos estelares.

Desde la espesura de ciclos cósmicos,
un pétalo de calendarios líticos
deshojados del azar en la vertiente
del tiempo de piedra desgastándose,
un soplo de pulmones siderales
animando los metales taciturnos
en el girar de las mudas esferas:

Un hijo de traslaciones a ciegas,
un hijo de avatares astrales,
de oníricas irrealidades líticas,
de pesadillas cósmicas durando.

En el desvarío de la piedra eterna
nuestras vidas humanas en tránsito
por calendarios, por conflagraciones,
por cataclismos, por roces astrales.

Y este espeso sedimento nocturno,
esta acumulación de luz luctuosa
depositada en mi existencia incierta,
en mí, que apenas costra del desvarío.

En un esfuerzo de ira y congoja,
en un arrebato de ola ofuscada,
abrir de pronto los ojos muertos,
despertar del sueño de la piedra.

Y entrar nuevamente en los ciclos cósmicos,
regresar a la totalidad girando
en el vacío, en el espacio sin bordes,
en la onírica irrealidad de la nada.