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1. Pablo


Pablo las iniciales dormidas
de todos los idiomas terrestres
abriendo sus torrenciales labios,
Pablo la imbricación de sílabas
castalienses saliendo del agua,
desprendiéndose del firmamento.

Pablo las lenguas elementales,
Pablo la rememoración del habla
arrancada de su undívago sueño,
dispersa, sepulta, discontinua
en el musgo, en la piedra, en el viento,
en la raíz de la húmeda espesura.

Pablo artífice y sacerdote,
Pablo primordial alfarero
del barro de palpitantes lenguas,
Pablo sacudir las cráteras,
verter las ánforas de arcilla,
y oir su rumor de fuego arcaico,
escuchar su muchedumbre de alas
derramarse en idiomas primordiales,
cantar en las lenguas de la tierra.

Pablo supremo arquitecto del habla
superponiendo su voz profética,
elevando de agua, polvo y pedernales
su bastión, su sólida morada.

Pablo regresar al firmamento,
Pablo hilar los números del cosmos,
y reproducir su música eterna,
arrancarle al sumo misterio astral
su armonía prístina tintineante,
la primera luz hecha canto.

 

2. Nacimiento


Parral en la intersección
de efemérides y fechas,
de nacimientos y muertes
convocados en la vertiente
del tiempo, en el roce
de los planetas girando.

Parral de adobe y madera,
de terremotos puntuales
a la cita con la muerte,
enredada en la maraña
de vides libidinosas
desnudándose en el vino,
goteando linfa libidinal.

En la hora de todas las horas,
en la apretada reunión
de todas las fechas raciales
convocadas en ese nudo,

en la convocatoria tribal
de ríos, lagos, volcanes,
condilleras, sangre, copihues,
avellanos, pumas, peucos,

de repente tu voz, Ricardo,
de pronto tu vaguido, Neftalí,
labriego, arriero, recolector,
ferroviario, pastor, leñador,
albañil, pescador, minero,
cazador de voces bosqueriles.

En la hora de todas las horas,
bienvenido al mundo, Pablo,
bienvenido al canto, Ricardo,
bienvenido a la luz, Neftalí.

 

3. Temuco adentro


Lluvias adentro, en el vertedero
de todas las cráteras del cielo,
elevada en mitad del invierno
austral, rodeada de raíces
voraginosas extendiéndose,
comprimiendo el aire de fríos
cristales resquebrajándose,

Temuco áspera cabellera,
áspera faz de rudos surcos
que el agua milenaria cayendo,
que lluvias bíblicas acaecidas.

Temprano el siglo de América
recién despertando de un sueño
telúrico, de un sopor de pueblos
desperezándose en la clepsidra
tardía de la aurora pastoral,

y tu estupor de joven pionero,
tu vida perpleja en el dominio
de enormes colosos hundiéndose
en el vértigo oscuro del humus,
en la humedad de la selva austral,

tus estupefactos dedos, Pablo,
tocando la piel encendida
de flores salvajes en torno
del árbol patrimonial, del árbol
nudoso de siglos y lluvias,
en el reino de tibia humedad.

De esa selva de raudas saetas,
tu idioma inédito volcando
aguas y aguas germinativas,
aguas-raulí, aguas-escarabajo,
aguas-mariposa iridiscente,
aguas pájaro-bardo, aguas
gemibundas irrigando el canto.

 

4. Partitura pluvial


De la tierra el vigor,la abundancia,
la centella cereal de granos
dorados en fuego apretujados,
en fuego envueltos, en fuego candeal
hacia el pan de cálido aroma.

De la tierra aparición, empuje
de raíces en el humus temblor,
en el humus de oscuras pupilas
enraizadas, asidas a sus ubres,
creciendo hacia el aire inexpugnable
su voluntad, su atisbo terrestre.

Del humus crecimiento, incendio
de la piel rugosa del planeta
flameando de llamaradas verdes.

De la misma forma tu poesía,
de la misma forma tu canto
desde el misterio maternal, Pablo,
desde las entrañas inescrutables
de la húmeda raíz del cantar,
de la tierra feraz en idiomas.

Hebra por hebra de tu voz nocturna,
de tu voz gemibunda, hilandero,
el estandarte de la poesía.

Hebra por hebra en la hilandería
de la lluvia de miles de agujas
clavándose en tu voz herida, Pablo,
acribillándola de su fuego,

hebra por hebra de raíz rural,
de sutil estambre selvático
dotando tu violín de ráfagas,
enredándote en la partitura
torrentosa de la Araucanía.

 

5. Hermano mayor


De todas las estirpes pétreas,
de todos los rasgos silvestres
a tu intemperie oceánica
y andina arrancadas, patria,

de todo tu caudal de rostros
de abrupto perfil deshojados
al árbol patrimonial, al árbol
de razas rústicas en tu penacho
multicolor abrigados, Chile,

¿qué rasgos elegir, qué facciones
asumir de tu amplio follaje,
con qué faz acudir a tu mesa,
y sentarme con mis hermanos
a compartir el pan y el canto?

¿Qué perfil, Pablo, tu perfil pétreo,
qué estatura tu altura de árbol
y vestisquero, y garganta andina,
qué pies tus pies de guanaco austral,
qué color tus ojos de mineral
carboníferos de Lota y Lebu,
tu piel de cobre Chuqui, tu pelo
de hebras salvajes de Nahuelbuta?

¿Con qué apostura, Chile, venir
a tu mesa y tomar la palabra,
con qué dedos rasguear tus guitarras
y arrancarles harina cereal,
harina oceánica, harina chilota,
harina altiplánica, harina
fueguina, harina de alta mar?

De todas tus estirpes pétreas,
de todas tus rústicas familias
fundidas en tu mineral crisol,
Pablo el perfil, Pablo el semblante,
Pablo la frente cordillerana,
Pablo nuestro hermano mayor.

 

6. Pablito


Habremos de descender, entonces,
a las cláusulas testamentarias
de tu despedida eterna, Pablo,
a las mínimas menudencias
de tu trajín humano husmeando
por bibliotecas, anticuariados,
por mercados, bazares, desvanes,

habremos de maravillarnos, pues,
con el ordenado revoltijo
de tu desordenatorio, Pablo,
de tus serias puerilidades
escritas a mano en el registro
tan tuyo de tu extraño extravío,
tan nerudiano de tu Ricardo.

Habremos de oler, tastar, remover,
soplar el polvo, extenuar
el ojo bajo la lupa,
desenredar, atar los cabos,
zurcir, remendar, agobiarnos
en tu gabinete lúdico, Pablo,
en tus sacrosantas garrapatas,

y ante el cúmulo exorbitante
de tu singular sabiduría,
con los dedos acalambrados
de tanto infolio rebelde,
de tanto díscolo lapicero,

recuperar tu final testamento,
reunir lo desreunible,
y sentarnos a reflexionar
en lo importante de tus soldaditos,
en lo sabihondo de tus caprichos.

 

7. Poesía clandestina


¿Y si ahora, Pablo, recitara
de memoria tus fuertes ronquidos
y tus eructos de sobremesa,
y pasara revista, severo,
a tus malolientes calcetines,
a tus tan singulares calzoncillos
y a tus zapatos con agujeros?

No sólo de pan y vino, claro,
no sólo de tortillas de rescoldo
y de litriado siete tiritones,
en cantinas de mala muerte
con la borrachina muchachada.

Pero no exageremos, Pablo,
no le pongamos tanto color
con la parranda dale que dale,
con los sahumerios a hurtadillas,
y el causeo de patas de chancho
donde Doña María, rodeados
de chiquillas muy chicha fresca,
alegres, carnudas y pechugonas.

No somos frailes huesudos, cierto,
ni pacos como palitroques,
o abogadillos puntiagudos
con la biblia o el código civil
metidos a presión en la sesera,
nadie exigiría milagros
de un modesto poeta parralino.

¿Pero y si recitara, Pablo,
de memoria tus sahumerios,
tus bailongos en casas de putas,
tus mariscadas con ají picante,
y la tomatera donde los Parra,
bailando en pelotas con la anfitriona?

¿Y si ahora recitara, Pablo,
tu clandestina poesía?

 

8. Nuestro Pablo


Aunque por lenguas, razas y climas,
aunque por todo el orbe ajeno
con tu vocación de pat'e perro,
y en cada esquina de los continentes
tus orines parralinos, Pablo,
y tu sudor de caballo percherón
en hoteles de mala muerte
de ciudades de exótico nombre,

por mucho, Pablo, que tu voz gangosa
resonando aún en las aulas
de altivas ciudades de cristal,
o en brumosos puertos con cómplices
de pata de palo, en tabernas
donde un vino de vetustas uvas
regando tus abundantes carnes,

por mucho que de frac y levita,
por mucho que protocolares
tus palabras en idioma imperial,
o bailando un vals vienés con Matilde
en vez de un tango bien apretado,
y tu nombre sobre nobles actas
de universidades, cancillerías,
palacios reales, congresos,
parlamentos y ayuntamientos,

por mucho, Pablo, que tus pies andantes
por todas las tierras extrañas,
por todas las lenguas de la tierra,

más nuestro tu perfil arqueado,
más nuestros tus ojos invertidos,
más nuestro tu andar campechano
y tus orejas de animal maulino,

más nuestra, Pablo, tu poesía
que la chicha de Curacaví,
que los porotos de la Vega Central,
que las aceitunas de Azapa,
o los cpihues del Cerro Ñielol
refulgentes de sangre criolla.

9. Pablo, César y los otros


Adentro de los años masculinos,
flanqueado de cenicientas estatuas,
y voces de seres agónicos,
de seres míos custodiándome
como una guarnición de almas en pena
por las calles de mi Valparaíso...

En aquellos años meditativos,
desarraigado de todo calor,
de toda raíz doméstica o filial,
con mi historia de barco fantasma
a través del tiempo, a la deriva,
solitariamente desreunido.

Pero allí tu poesía, Pablo,
allí tu escritura náutica
de navegaciones y naufragios,
allí tu gorda letra de escriba,
rodeado de espesura sacramental,
rodeado, como yo, de tus poetas.

Allí el misterio de los idiomas
atrapados en la alquimia de brujos
tribales, de arúspices o druidas
inventando de nuevo el universo.

Años de errar y vagar y volver
a empezar otra vez, circulando
en torno al mismo día clavado
en mitad de tu vida, inconmovible,
años de escaleras, muelles, castaños,
de pan amargo entre cuatro paredes.

Pero allí tu poesía, Pablo,
allí Rainer, André, Federico,
allí Rabindranath, Rubén, Arthur,
allí Walt, Vicente, Friedrich,
Alfonsina, John, Ezra, Paul,
Miguel, César, Gabriela, William,
Johann, Heinrich y tantos más, Pablo,
allí conmigo en los años de orfandad.

 

 

10. Desde la buhardilla


De todas las vicisitudes, Pablo,
que nuestro género tan singular
en su largo vagar por buhardillas,
por pensiones grises, cuartos húmedos,
boliches, asilos, trenes sin rumbo,

de todo lo trágico o conmovedor,
doloroso, triste o funesto,
hermano Pablo, que en nuestra cofradía
tan singular de seres obscuros,
en su largo errar por tantas partes...

Tal vez callar, tal vez callar ahora,
no hablar de aquello que lo nocturno,
de aquello con su larga cola
a la sombra de días infaustos,
abriendo y cerrando sus pupilas,
parpadeante sobre el telón de niebla.

Callar ahora, callar cada día
mirando su luz intermitente
emitir sus fúnebres señales,
guiñarnos aún su ojo engastado
sobre un montón de ollín nocturno,
visible entre las grises bocanadas.

Desde buhardillas, desde cuartos
con rotos espejos, con camastros
donde la impronta de un cuerpo ajeno,
donde una almohada hundida en su centro,
donde una ventana con alguien pensando,
silencioso, inclinado hacia dentro.

Tal vez callar, hermano Pablo,
ahora, y dejarle emitiendo
sus dolientes, nocturnas señales
desde los días envueltos en niebla.

 

11. Frente al mar


Frente al mar de Isla Negra,
aguzo el oído y percibo
el rumor oceánico, el viento
invisible en su propagación,
el sordo crujir de las olas
enroscando sus alas de espuma,
quebrando su cristalería
de antigua sal batalladora.

Percibo un galope de cascos
precipitar su sordo estruendo
contra el basáltico roquerío,
y dispersar allí su embestida
en fonemas despedazados.

Frente a tu casa vacía, Pablo,
el océano azul rumoroso
emitiendo en sus lenguas salobres
sus milenarios apotegmas,
que nadie mejor que tú, hermano,
que nadie como tu voz acuosa
extrajo, tradujo y dio forma.

Veo tu corpulencia erguida
soplada por el viento marino,
observo tus ojos dormecidos
abarcar el océano undoso,
asumir su música rota ,
viajar por sus secretas rutas.

Frente al mar de Isla negra, Pablo,
frente a tu costera guarida,
en tu sitio de asceta marino,
rumoreado por olas y pájaros.

12. Vino natalicio


Vino del Valle Central,
vino natalicio, Pablo,
para nosotros, viajeros
impenitentes sentados
a la misma mesa, en Parral,
o en Temuco, en su mercado
de chisporroteo mapuche,

vino materno, vino
de parras libidinosas
con sus tetas al aire,
vino de Colchagua, vino
de uvas malidicentes
cuchicheándonos sus cuentos.

A la mesa contigo, Pablo,
en el Barrio Puerto, sentados
en medio del sordo bullicio
de mi familia vocinglera,
o en Curicó, en otoño,
cuando los lagares espumean
y bullen los mostos, borrachos.

Un vaso de vino, hermano,
contigo, en algún boliche
de Estación Central, de noche,
o en Arica, parloteando
las festivas lenguas andinas,
o en Puerto Montt, guarnecidos
de su espesa marisquería.

Vino del Valle Central,
vino patrio, Pablo, vino
de nuestras parras impúdicas
a la mesa contigo en Chonchi,
o en San Felipe, o en Talca,
o en la morena Antofagasta,
alegres, dicharacheros,
inagotables, rodeados
de toda la fauna filial.


13. Nosotros contigo


En donde esté tu tumba, Pablo,
en donde tus huesos mortales
transcurran, lentos, hacia el polvo,
y tu voz ya no nos susurre
su quejumbrosa poesía,
muda ella en tus labios dormidos,

en donde, Pablo, tu domicilio
final, tu callada guarida
rodeada de duro silencio,
rodeada de sólida mudez,
y llena de iracundas voces,
llena, Pablo, de airados gritos,
defendida por nuestras gargantas...

En donde tu tumba, camarada,
en donde tu lecho horizontal
bajo tu inmóvil efigie,
y tus huesos en lento transcurso
hacia la lenta inmortalidad,

allí también nosotros, Pablo,
allí tu gente inconmovible,
allí tu pueblo de roble pellín.

En donde tus labios sellados,
en donde tu voz mudecida,
en donde tu alfabeto herido,

allí nuestros rotundos labios,
allí nuetras fieras gargantas,
allí nuestra voz combativa.

Allí tu familia de arcilla,
allí tus tribus oceánicas,
allí tu pueblo de granito.


14. A caballo


Contigo a caballo por la magnitud
del trigo y su rubio engranaje
en la espiga resplandeciente,
contigo por las extensiones
del rojo maíz llamareando
en las mazorcas con ira y vigor,
rubicundo de salud terrestre,

contigo, Pablo, hermano, a caballo
por las salutíferas comarcas
del Renaico y del Itata, del Laja,
por las tierras del Ñuble, del Malleco,
del Bío-Bío, del Maule, del Lircay,
del Mataquito, del Tinguiririca,

por las comarcas del Cachapoal,
por las regiones del Rapel, del Maipo,
del Aconcagua, del Putaendo,
del Quilimarí, del Petorca,
del Choapa, del Combarbalá,
de nuestros ríos natales, Pablo,
de nuestras tierras tributicias.

Mira nuestras vides, en el Maipo,
enroscar sus turbios sarmientos,
mira agigantarse sus pezones,
mira multiplicarse sus racimos.

Mira bullir la alfalfa en los campos,
mira sonrojarse la remolacha.

De nuestras tierras maternas, Pablo,
de campos que nuestras familias
regaron con su sudor, nutrieron
de sus cales amortajadas,
enrojecieron con su sangre.

A caballo contigo por la extensión
de nuestro extenso hogar natalicio,
de nuestros ríos manantiales,
nuestras tierras tributicias, Pablo.

15. De Sur a Norte


De Sur a Norte, en una ráfaga
de letras secretas revueltas
en un largo soplo de fonemas
a medio pronunciar, a medio
entreabrirse, parsimoniosas,
masculladas entre los labios.

De Sur a Norte, de Norte a Sur,
de Sur a Sur, de Norte a Norte,
de Este a Oeste, cordillerano,
o de Oeste a Este, oceánico,
límpidas y fructificantes...

Tus palabras, Pablo, tu poesía
grávida de leve rumor,
grávida de peces chilotes,
de aceitunas del Aconcagua,
de chiporro magallánico,
de sandías del Paine, de machas
de la Playa Larga, en Arica.

Tu poesía longitudinal,
tu poesía de chicha y tonadas,
de empanadas y vino tinto
en las ramadas de Playa Ancha,
en el Parque Cousiño, en Chillán,
en toda la larga acrobacia
de tus uvas parralinas, Pablo,
de nuestras guitarras patrias.

De Sur a Norte, de Sur a Sur,
soplada por los recios vientos
de tus tierras natalicias, Pablo,

tu poesía, tu áspera cascada
de lentas sílabas emergiendo
desde el dominio de la lluvia
en la torrencial Araucanía.

16. Un caballo enorme


Un caballo enorme, un caballo
como el artilugio de Epeo
en Troya, o como los caballos
de niebla que pasan galopando
frente a Valparaíso, rasgando
a relinchos la niebla costera.

Pero un caballo de carne y huesos,
un caballo, Pablo, con montura
de exquisita talabartería
de Salamanca, en el Norte Chico,
y bridas a la chillaneja,
y los estribos de Putaendo,
y espuelas de plata de Curicó.

Un caballo de crin araucana,
y de espinazo del Nahuelbuta,
un caballo de patas de peumo,
de cola atacameña, de cola
seca y volátil, ágil, lustrosa,

y un penacho alto de Limache,
un penacho de Placilla,
un penacho de Quebrada Verde,
sí, de donde los Muga, un penacho
de altas cumbres, de gallardía,
una cimera de noble alazán.

Y que relinche, Pablo, que suene
su zafarrancho de combate,
su estridente reclamo animal.

Un caballo enorme, un caballo
enorme para nosotros, Pablo,
un caballo a todo galope
por el viento, por las planicies,
por el mar, por el vaho oceánico,
con su hermosa cimera, relinchando.


17. Mascarones de proa


Como si fueran a volar,
como si fueran a emprender
de pronto el vuelo, extendidas
sus alas de encina o nogal,
sus élitros vegetales...

En la proa de algún navío
surcaron los océanos,
resistieron el embate
de tempestades, hendieron
el oleaje enfebrecido,
el agua, el viento oceánico,
la espuma de sal iracunda.

Algún día desertaron
de los nobles vejestorios,
y hallaron hogar en museos,
en guaridas de lobos de mar,
en las tabernas, a orillas
del Támesis o del Sena,
o del gran mar exterior,
envejeciendo entre el humo,
el ron y los improperios.

¿Desde qué trágico exilio,
Pablo, las arrebataste,
desde dónde, tú, marinero,
capitán de honor del Caleuche,
arrancaste estos especímenes
entre ángeles y sirenas
para tu navío terrestre,
para tu nave de Isla Negra?

Allí estaban, inmóviles
con su sonrisa de cedro,
sobreviviéndote, Pablo,
en tu cabina de capitán,
como si fueran a volar,
a punto de perseguirte
al océano del misterio.

18. Lauro


Pocas veces el habla
ha prorrumpido en idiomas
de tan prodigiosa fecundidad,

de tal ímpetu fecundativo,
elevando a la apoteosis
nuestra lengua castellana,
poeta ahora en el silencio,

pocas veces el andamiaje
del verbo cervantino,
ha edificado tal construcción
de tan sólido artificio,
de imperecederos contrafuertes
a tu luminosa catedral
de sílabas tintineantes,
tú, sacerdote de las letras
de raigambre sacerdotal,

y pocas veces mi plectro
de registro apolíneo,
hurgó tanto en el revuelo
de nuestro ajuar lingüístico,
para arrancarle este lauro floral,
este homenaje para ti, Pablo.


19. Isla Negra


Casa a orillas de la mar,
casa en el entrevero
de nuestra espiritualidad,
cimentada en la claridad
de tu sólido verbo.

En el azar de los vientos
la voz de quien oquedad,
de quien manantial vertedero,
de quien robusto venero
de agua testimonial.

Bramido de la tempestad
en el populoso invierno,
estampida de la sal,
furia de ola de cristal
quebrada en mil fragmentos.

Y la casa con su misterio
de nuestra espiritualidad,
la casa sacro venero
de una voz que sólo el viento
jugueteando en el azar.

20. América


De pie en lo alto de la cima
más alta de nuestro espinazo,
miro reverdecer, América,
tus territorios desplegados
desde el nudo central de tus huesos
hasta tu orilla quebrantada,
rota en el orden abrupto
de las leyes de la geología.

Miro tus selvas originarias,
miro tus pampas infatigables,
miro tus desiertos exhaustivos
y tus praderas sementales;
miro, América, tus serranías,
miro tus llanos de pastizales,
miro tus playas rumorosas,
miro tus valles transversales.

De pie en tu majestad nevada,
en lo más alto de tus vértebras,
miro, América, tu piel morena,
miro tus tribus ramificadas
desde tu árbol frondoso, madre,
desde tu tronco vegetativo
enraizado en dulces vertientes.

Y miro bullir tus alfabetos
de reciedumbre verbal, de letras
como pétalos de lava o cieno,
de invisible fuego terrestre
floreciendo en tus labios de tierra.

Desde tus cumbres precámbricas
veo, América, el humo rojizo
de tu poesía elevándose,
trazar en el aire su estilo
de ave andina, de puma serrano,
de sierpe amazónica, de pez
oceánico, de bisonte y jaguar,
de copihue, orquídea y colibrí,
de tucán, quetzal, coipo y ñandú,
el humo sanguíneo de tu poesía.

Veo, madre, un hilo delgado
escribir en el aire los nombres
de tus vertientes alimenticias,
de tus veneros linguísticos,
vaciar sus linfas en tu regazo,
cantarte en las voces de la tierra.

Martí, Santos Chocano, Gabriela,
Sabat Ercasty, Asunción Silva,
Villaurrutia, De Rohka, Walt Whitman,
Juana de Ibarbourú, Alfonsina,
Jorge Luis Borges, Rubén Darío,
Amado Nervo, Alejandra Pisarsky,
Vicente Huidobro, César Vallejo,
Octavio Paz, Leopoldo Lugones,

y nuestro Pablo, madre América,
nuestro Pablo de gordos trazos,
nuestro Pablo, el inagotable,
nuestro Pablo, río-torrente,
río-océano, volcándose
con todo su caudal de letras
en tu regazo amoroso, madre.

Nuestro Pablo aymará, piel roja,
guaraní, alacalufe, azteca,
mapuche, apache, ona, diaguita,
maya, quechua, chango, picunche,
pehuenche, gaucho, huaso, llanero,
leñador, labriego, minero,
pescador, marinero, milico,
recolector, cazador, curandero,
hijo tuyo, hermano nuestro, madre,
y capitán de la poesía.

21. Aniversario


En julio arribaremos,
el 12 de julio, Pablo,
llegaremos a Parral
y escanciaremos el vino.

En julio chicha en Chillán,
en julio cueca en Cauquenes,
perdices en Licantén,
sopaipillas en Yumbel,
y el aguardiente en Linares.

En julio, Pablo, los chuicos,
en julio las damajuanas,
chancho en piedra de Tomé,
chilenitos de Lirquén,
y tortillas de Pelarco.

A Parral desde Longaví,
a Parral desde Treguaco,
desde Coihueco, de Antuco,
desde Hualaño y Lolol.

En julio celebraremos,
Pablo, con el tintolio
de Romeral y Molina,
de Curepto y Chimbarongo.

En una carreta de bueyes,
a caballo, en tren, a pata,
desde Cumpeo y Quirihue,
desde Angol y Curanilahue,
con guitarras y vihuelas,
con anticuchos de Chanco,
y empanadas de Lumaco.

A Parral en julio, muchachos,
a Parral en tu aniversario
cantando a todo pulmón,
bebiendo chicha a destajo,
en tu natalicio grande,
Pablo, en tu cumpleaños.

22. Epístola

Una epístola de Violeta,
una carta para ti, Pablo,
de la exiliada del Sur,
de la alfarera del canto.

Guitarra de cuerdas tristes,
india de leche chillaneja:
tú y Pablo Chillán y Parral,
tú y Pablo la voz de la tierra.

De las mismas uvas del Sur,
de la misma pobre tetera:
tú, Violeta, el áspero Puelche,
Pablo la lluvia de La Frontera.

Tú en el exilio del más allá,
Pablo por toda la tierra:
Violeta la voz del dolor,
Pablo los rotos fonemas.

Una epístola tardía
de la alfarera del barro,
para ti, poeta del Sur,
para tus ojos muertos, Pablo.


23 . Nocturno del Sur

A Temuco en el nocturno del Sur,
a Temuco en el tren fantasma.

Santiago, Estación Central,
San Bernardo, Calera de Tango,
Buin, Villa Seca, Linderos,
Paine, Champa, Hospital,
San Francisco de Mostazal,
Callejones, Graneros,
El Crucero, Rancagua, Cachapoal.

¿Cuándo llegaremos, di,
cuando llegaremos, Pablo,
a Temuco en el tren del Sur?

Requinoa, Santa Amalia,
Rosario, Las Rosas, Rengo,
Malloa, Pelequén, Polonia,
San Fernando, Placilla,
Chimbarongo, Convento Viejo,
Quinta, Teno, Curicó,
Lontué, Molina, Itahue,
Camarico, San Rafael.

A Temuco en el tren fantasma,
con Pablo, una noche cualquiera,
de cualquier año, en ningún lugar.

Con Pablo cerca de Talca,
por Maule y por San Javier,
pasando por Villa Alegre,
alcanzando Putagán,
acercándonos a Linares,
en viaje hacia Longaví.

El tren nocturno en Retiro,
en Copihue y por fin Parral,
en Lucumilla y Renaico,
Perquilauquén y Niquén,
en San Carlos, La Capilla,
Chillán, Huape, Rucapequén.

¿Dónde está Temuco, Pablo,
dónde entre tanto nombre,

entre tanto pueblo nocturno,
entre tanto pasar y pasar?

Bulnes, Santa Clara, Liucura,
Cabrero, Monte Águila, Yumbel,
Río Claro, San Rosendo,
Diuquín, Nacimiento, Coihue,
Negrete, El Sauce, San Gabriel,
Tolpán, Renaico, Tijeral,
Angol, Huequén, El Vergel,
Collipulli, Curaco, Ercilla,
Pailahueque, Santa Rosa,
Victoria, Púa, Perquenco,
Agua Santa, Dollinco, Lautaro,
Miraflores, Pillanlelbún.

¿Cuándo llegaremos, Pablo,
en este tren fantasma, di,
cuándo alcanzaremos Temuco
en mitad de la lluvia del Sur?

24. En tu natalicio

¿Qué tal una sopa de machas,
Pablo, en la Caleta Membrillos,
o machas a la parmesana
en el Bote Salvavidas,
frente a la poza del Muelle Prat?

¿O un causeo de mariscos
en Angelmó, en el perfume
de todos los frutos marinos,
de toda su panoplia mineral?

¿O tal vez cojinoa al horno
en algún boliche ariqueño,
en los límites de la mar?

Una paila marina, Pablo,
en San Antonio, una paila
de especímenes oceánicos
recién arrancados del agua,
fresco aún su sabor a sal.

O un curanto de Dalcahue,
un banquete de moluscos
cocinados bajo tierra,
al calor de las piedras calientes.

O mejor un caldillo de congrio
en Tongoy, o en Pichidangui,
o centollas de las Huaitecas
en Quellón, o en Puerto Cisnes,
o pulpo a la chillaneja
en Constitución, o en Penco.

Los frutos del océano, Pablo,
los cereales marinos
de nuestro mar longitudinal,
en cualquier lugar de Chile,
al calor de un vaso de vino,
hoy, Pablo, en tu natalicio.

26. Sacerdocio

Amanecer otra vez,
hermanos poetas,
en la luz desnuda
de otro día inaugurado,
con el mismo amor mortal
de acólitos de la poesía,

y besar su boca pura
con labios en regocijo,
y tocar sus tersos senos,
y sus muslos gemelos,
y su cálido pubis.

Amanecer, Pablo, otra vez
como cada día,
con un resabio a hidromiel
del lagar otoñal
de los viejos poetas,
y beberla con fruición,
beber la linfa auroral
de la luz desnuda.

Amanecer, Pablo, embriagados
de luz constelacional
de remotas constelaciones,
y estirar hacia ellas la voz,
estirar los ávidos brazos,
como acólitos ante el altar
de inaccesibles dioses,
oyendo en nuestro interior su voz.

Amanecer y encontrarla
mirándonos con dulzor,
sentir su aliento tocarnos,
sentir sus labios besarnos,
sentir su voz cristalina
cantarnos su romanza, Pablo.

Sentir a la poesía
como la luz desnuda
rodeándonos de su fulgor,
y decirnos: Otro día,
otro día de sacerdocio
para la poesía.


27. Ñielol


Detrás de la alta empalizada,
al otro lado del valladar,
ocultos en los matorrales
salvajemente enmarañados,
guarnecidos de agudas espinas...

En la selva impenetrable, Pablo,
en la entretejida maraña
que miles de años de lluvia
elevaron desde la tierra,
erizaron de hostilidades.

Mira sus rostros selváticos,
mira sus pómulos salientes,
mira su cabello desgreñado.

Míralos correr como el viento
a pie desnudo entre las breñas,
y trepar a los altos riscos
como el puma, o como el guanaco.

Aquí cayeron, donde la brisa
disemina aún el murmurio
de sus secretas voces, Pablo,
de su código de combate.

Por aquí también tus andanzas,
tu pie por entre la enramada
en sigilo, pisando las huellas
de sus desnudos pies en fuga.

Y cuando penetré al recinto
en donde cayeron luchando
y tiñeron la flora de sangre,
allí estaban aún los copihues,
allí su sangre resplandeciendo.

Allí, detrás de la empalizada,
al otro lado del valladar
donde tu taciturna infancia,
donde tu pálida adolescencia,
rodeado de tanto murmurio,
de tantas voces en el breñal.


28. Asignatura vital

No por aulas de universidades,
no por cátedras de lenguas muertas,
ni por encumbradas academias,
o facultades de suma sapiencia
nuestra asignatura vital, Pablo,
nuestro cuerpo de supremas letras.

Desde Homero hasta Garcilaso,
desde Virgilio hasta Hölderlin,
y pasando por Hesíodo,
por Teócrito, Horacio, Catulo,
por Dante, Ronsard, Góngora, Shakespeare,
Goethe, Hugo, Pushkin, Whitman,
Poe, espronceda, Gibran, Rimbaud,
Darío, Tagore, Rilke, Aleixandre,
Yesenin, Eliot, Eluard, Ezra Pound,
y tantos, y tantos, y tantos más.

¿Dónde aprendimos las letras, Pablo,
en qué facultades Horacio,
en qué academias Villon, dónde Lorca,
dónde hicimos nuestro aprendizaje
sino en la vida, en la dura lucha
de cada noche y de cada día?

No fue en las universidades, Pablo,
no fue en las aulas rebullentes
de libros, métodos, tratados,
de artificios, códigos, doctrinas.

Por las calles del París medieval,
en los tétricos barrios de Londres,
en el frío amanecer de Moscú,
o en las madrugadas de Santiago,
lleno de la borrachera del amor.

Y si queréis saber, aprendices,
en qué facultades del mundo
se suministra la poesía,
preguntad a Máximo Gorki,
preguntad a Máximo Gorki.

29. Río Mapocho

Ríos de la patria mía,
ríos nervadura transversal,
vital irrigación del pan,
del vino, del habla y del canto.

Aguas azules nuestros ríos, Pablo,
aguas de las vertientes andinas
corriendo hacia el mar, rumorosas,
cantando su salud, cantando,
fluyendo en húmedos idiomas.

Del Cautín al Mapocho, del Sur
a la metrópolis chillona,
de la selva a la gris capital,
a sus edificios asfixiantes,
al aire impuro, al tráfago infernal.

Por sus calles, por Independencia,
por Artesanos, por Bellavista,
por Maruri, Mackenna, Cervantes,
al agua, a las aguas fluyentes,
a su rumor de alas quebrándose,
a su repertorio de lenguas
cantándote bajo los puentes,
sonando su música inefable.

Por su orilla, Pablo, por la larga
costanera de Santa María,
inclinado sobre el Pío Nono,
¿qué mensajes, cuáles secretos
te transmitió el viejo río,
te confiaron sus revueltas aguas?

¿No es cierto, Pablo, no es cierto
viejo poeta, camarada,
no es cierto que el río Mapocho
acompañó tu temprano exilio,
recogió tus dispersas palabras,
se llevó al mar tu poesía?

30. Pasa, Pablo


Este es el barrio de Quinta Normal,
éstas las casas de Estación Central,
éstas las calles donde tus pasos
buscaron, girando en círculos,
les arrancaron su gris poesía.

Pasa, Pablo, la mesa está puesta,
el vino puja en las botellas,
tus amados libros abiertos:
¡recítanos tu poesía!

Una puerta está abierta para ti
en el cerro Barón, viejo amigo,
y en Forestal una calle
lleva tu nombre en secreto.

Te esperamos en Antofagasta,
en alguna modesta casa
de Arauco, o de Andrés Sabella,
y en Punta Arenas las madres
de algún barrio de Errázuriz
tejen para ti una bufanda.

Te amamos en Calbuco, Pablo,
te recordamos en Vallenar,
y en Concepción tu poesía
llena el aire universitario,
reverdece en aulas y peñas.

En las minas de Chuquicamata,
en los pueblos dispersos de Osorno,
en el cielo azul del Norte Chico,
y en la costa despedazada
del archipiélago inmenso
del extremo Sur, en cada casa,
en cada hogar, Pablo, de Chile
te espera tu pueblo, te esperan
sus poetas, sus alfareros,
sus artífices de barro y paja,
sus manufactureros del cantar.